Publicaciones 2009
El Aconcagua nos enseña algo
Medio: Memo Digital.
Fecha: Febrero 2009
Autor: Roly Boussy


Después de muchos años de compartir experiencias en la montaña mendocina. Tuve este año que hacer mi primera aventura en el Aconcagua, el coloso de América, quien me estaba esperando para enseñarme algunas lecciones.
Estuve en el parque Aconcagua justo en los trágicos días de enero en los que perdieron la vida por lo menos cinco escaladores, en la que fue una de las peores temporadas de las que se tengan recuerdo.
La experiencia me permitió aprender algunas cosas que ahora comparto con ustedes.
La montaña en general y estas condiciones en particular, ponen de relieve la vital importancia de contar con un buen planeamiento.
Muchas veces uno puede asumir en el devenir cotidiano, qué no es verdaderamente importante gestionar a partir de un efectivo planeamiento, pero la realidad actual, semejante por analogía a esta semana negra, nos exige un replanteo de nuestras convicciones y prioridades.
Sabemos como planificar, sabemos que tenemos que planificar, pero en la realidad no planificamos lo suficiente. Lo paradójico es que no nos iríamos de vacaciones sin planificar, a nadie se le ocurriría ir a escalar el Aconcagua sin planificar, pero para nuestra actividad profesional (de la que vivimos) somos laxos en nuestra convicción y avanzamos más basados en la intuición y la improvisación, que en el pensamiento anticipativo.
Hoy la gestión sin planeamiento es suicida.
Uno de los errores comunes entre quienes sostienen la planificación como fundamento de sus acciones, es la rigidez.
El plan debe contemplar racional y anticipadamente cada detalle del itinerario que se pretende recorrer. Ahora bien como el futuro no es predecible con certeza, el plan debe ser una herramienta susceptible de modificarse en función de los desvíos en las estimaciones realizadas, más allá de nuestros deseos o frustraciones.
El plan no es un ancla ni una pieza monolítica inmodificable. Es una guía que puede y debe adaptarse a las nuevas circunstancias que van reconociéndose y que modifican el escenario original.
Teniendo en claro el objetivo y el encuadre dentro del cual nos moveremos para lograrlo, tenemos que estar dispuestos a realizar modificaciones si los acontecimientos nos lo indican.
Pasando ahora al plano más operativo, recuerdo cierta vez que pregunté ¿Cómo se hace para subir el Aconcagua?

  • Paso a paso y mirando bien donde pisas. Me dijeron.

Esta afirmación que parece una obviedad no lo es tanto. En el ascenso a la cumbre uno debe dar muchos pasos, muchos miles. Uno solo de esos pasos puede frustrar la expedición. Cada paso deber ser medido y calculado con precisión, aunque con él uno no avance más de 30 cm.
El éxito de una acción se compone del éxito de pequeñas acciones encadenadas. El todo es el resultado de las partes. Claramente cada una de las partes debe estar enmarcada en los grandes conceptos tales como la misión y la estrategia, pero en sí mismo deben ser componentes perfectos de un todo que integrará sus virtudes o sus defectos.
Toda la excelencia en la preparación y en el recorrido previo, ceden ante un error mínimo, que derive en una fractura, en un desgarro muscular, o en algo mucho peor.
Otro aspecto clave para aspirar a la cumbre es que cada paso se de en dirección a la cumbre. Uno debe seguir la ruta planificada y en las condiciones planificadas. Una cosa es la necesidad de modificar, como mencionamos, el plan de ascenso, y otra muy diferente es la anarquía en la cual, mientras asciendo, voy redefiniendo aleatoriamente los pasos a seguir.
Muchas veces se elaboran planes increíbles, pero después nadie los respeta. Dirección, ritmo, hidratación, etc. Todo debe seguirse tal como se acordó.
Creo que es fundamental tener en claro qué tipo de expedición uno conforma y cuál es la estrategia del grupo para lograr los objetivos.
En la montaña hay grupos que sencillamente van a disfrutar una experiencia en la montaña, lleguen adonde lleguen; otros van a la montaña para recorrerse interiormente y encontrar respuestas existenciales; otros son profesionales a quienes sólo los satisface batir las marcas preexistentes. Subir en el menor tiempo, hacerlo la mayor cantidad de veces o bien en las condiciones más extremas y adversas.
Saber quiénes somos es vital para entender nuestra propia compatibilidad con el grupo y la coincidencia o no de nuestros objetivos personales con los de la expedición.
Por otro lado, si el objetivo es batir un record en el ascenso, no podemos pretender caminar admirando cada visión del paisaje y esto debe estar claramente establecido desde la génesis.
No olvidar que la táctica debe subordinarse a la estrategia y ésta a la misión. Si se tienen ideas innovadoras o divergentes, deben considerarse en la etapa de planificación para que se considere su incorporación al plan. No confundir adaptabilidad con anarquía.
En nuestro caso fuimos a disfrutar la montaña. Llegamos, se complicó el clima, murieron varios escaladores y muchos más debieron ser evacuados. Nevó casi todos los días que estuvimos allá, hizo un frío inusual, se multiplicaron las tasas de accidentes.
¿Seguimos con nuestra idea inicial o cambiamos los planes?, nos planteamos muchos de los que estábamos por allí.
Nosotros decidimos escuchar al cerro, nos fijamos un objetivo menor y buscamos otras maneras de lograr nuestro objetivo (disfrutar la montaña).
El cerro nos habló, y nosotros lo escuchamos. Otros no. La diferencia no quedó impune.
En general, en el análisis posterior al fracaso de muchos emprendimientos, se encuentran señales que claramente anticipaban el final, pero que no fueron percibidas por los responsables, o lo que es peor, fueron vistas y subestimadas.
En una expedición de esta naturaleza, el rol del líder es muchas veces vital y cuando menos, siempre muy importante. Ahora bien, cuáles son las claves de quien asume el rol de líder:

  • Responsabilidad: asumir el compromiso y las obligaciones que implica liderar al grupo y tomar las decisiones.
  • Idoneidad: tener el conocimiento, la habilidad y la actitud necesarios para ejercer el rol.
  • Flexibilidad: poder darle a cada miembro del equipo lo que necesita. Aliento disciplina, ánimo, etc.
  • Oportunidad: actuar en el momento en que hay que actuar, ni antes ni después, es una parte vital del rol.

Una operación con un líder comprometido, enfocado y dispuesto siempre tendrá más y mejores chances de lograr su objetivo.
El rol de líder se consolida con la actitud consecuente y coherente de quienes son liderados. Este rol también tiene sus claves para ser efectivo:

  • Confianza: asumir que el líder está en mejores condiciones de llevarnos al éxito y actuar en consecuencia.
  • Disciplina: respetar las pautas, más allá de los impulsos circunstanciales de desafiar las indicaciones del líder.
  • Actitud: ayudar a que el líder tenga éxito en su gestión y no estar en posición de desafío de su rol.
  • Humildad: la competencia se debe plantear contra las dificultades externas, no internamente. La colaboración dentro del equipo no implica disminuir la importancia del propio rol.

Una expedición con un equipo conformado, maduro y trabajando en equipo, obtendrá siempre mejores performances.
La comunicación es clave en el proceso de ascenso. En este sentido resulta vital que cada uno asuma su responsabilidad para lograr una comunicación efectiva.
Es importante que el líder se comunique en función del estado de quienes escuchan. Las condiciones de los oyentes varían significativamente con puna, con miedo, cansados o eufóricos.
No es menos importante que quienes escuchan, tengan la permanente intención de mejorar el proceso comunicacional, preguntando, clarificando, no infiriendo. También deben entender que el líder está sometido a las mismas condiciones del medio y que más allá de sus condiciones personales, también encontrará limitaciones en su intención de comunicarse.
La comunicación funciona si ambas partes trabajan comprometidas y sinérgicas para lograrla.
Finalmente la verdadera clave de esta experiencia, que sobresale por sobre toda otra consideración, es nuevamente el valor humano que se proyecta más allá de la lógica.
Haber vivido un contexto tan complicado, me permitió ver también lo mejor de la naturaleza humana en acción.
Frente a las dificultades que ocurrieron en esos días, fue increíble como se movilizaron todos para tratar de ayudar a quienes estaban en dificultades. Guardaparques, médicos, guías, porteadores, todos sumados para dar una mano, aunque eso implicara poner en riesgo su propia vida.
Cuando se perdieron los escaladores italianos, vi a muchos escalar a medianoche la voraz ladera del cerro, con temperaturas de menos de 30 grados bajo cero, con poca visibilidad, para llegar más allá de los seis mil metros para seguir trabajando, cargando, guiando o curando.
En tiempo de crisis, reales o inventadas, es una increíble y casi utópica analogía con el funcionamiento de una empresa. Todos trabajando mancomunadamente para salir delante. Hombro a hombro. Juntos sumando. Juntos luchando y también juntos celebrando íntimamente el milagro de los tres escaladores italianos que salvaron sus vidas contra todos los pronósticos.
La clave está en la gente. Ése es el factor más importante. Siempre.
La vida se encarga cada día de darnos enseñanzas, mágica y dramáticamente. Aquí enumeré sólo algunas conclusiones que surgieron en los largos días pasados en la montaña. Cada enunciado es apenas la chispa de una conclusión que espero brote en cada uno de ustedes, a partir de la reflexión necesaria que conecte estos hechos con la cotidianidad personal.
Cada uno de nosotros está intentando escalar su propia montaña, tiene sus tormentas, sus crisis de fe, sus males de altura, sus calambres, sus temores, y en medio de todo ello, debe tomar las decisiones que impactarán indefectiblemente en el resto de la historia.
Ojalá este sea un aporte al fuego interno que los lleve a estar cada día más cerca de la cumbre de sus propios sueños.